lunes, 3 de noviembre de 2014

El nacimiento de Denzel

Desde que nació mi hijo soy otra persona. La preclamsia, las contracciones, el desgarro, la sutura, el no poder amamantarlo; fue horrible. Pero Denzel es precioso y es mi mayor alegría.
Hasta el 31 de julio de 2014 nunca había sentido tanto dolor físico. Ese día entré en labor de parto el 30 de julio, me indujeron artificialmente los dolores por mi presión alta y al siguiente día, a las 12:26 de la tarde, nació mi bebé. Bajito de peso, no me lo dejaron cargar. Sólo me dijeron que estaría en neo intermedio y luego nos separaron. Los subsiguientes días, no me permitieron amamantarlo, no me dejaron cargarlo, sólo visitarlo una vez al día y verlo acostadito en su cuna. Tampoco le pude tomar fotos, no es permitido. Me deprimí. Mi presión arterial continuaba muy alta, me la pasaba llorando y al final, Denzel se recuperó primero que yo. Lo pasaron a neo mínimo y ahí se quedo esperándome, porque no me daban salida por mi hipertensión. Cincos días en el hospital, sin sostener en mis brazos a mi hijo, sin alimentarlo.
Lo que yo sentí esos días fue muy extraño. Feliz porque mi hijo ya estaba bien, pero triste porque yo seguía mal y eso postergaba nuestra unión. Yo quería partir a casa con él. Tenía su cuarto casi listo antes del parto, mi mamá y mi esposo finiquitaron todo. Me imaginaba su habitación con los detalles que había planeado y me llenaba de ilusiones. El cuarto quedó hermoso, muy celeste, con sus cortinas combinadas, con el mosquitero que yo decoré, lazo por lazo.
Por fin me dieron salida el domingo, apoximadamente a las 6:00 de la tarde. Estaba impaciente por pegarlo a mi pecho y sentirlo comer de mi cuerpo. Llegamos a casa y no lo logró. Lloró mucho. Lo intenté por largo rato sin conseguir nada. Mi esposo muy tarde en la noche tuvo que comprar fórmula porque Denzel no había comido nada desde que salimos del hospital.
Alimentar a mi bebé fue un privilegio que la naturaleza me negó. Primero culpé a los doctores por no dejarme darle de comer en el hospital y acostumbrarlo al biberón y luego detesté mis senos por no tener un pezón perfecto, fácil de mamar.
Tuve que ordeñarme incansablemente por mes y medio. Aunque seguía intentando amamantar a mi bebé, él seguía rechazándome. Y así pasaban los días, bombeando mis senos para sacar leche materna y pasarla al biberón a fin de que Denzel la disfrutara. Le encantaba. Hasta que me sequé.
Los libros y la televisión te presionan para que des pecho porque indudablemente es lo mejor para nuestro hijo. Pero ni la televisión ni los libros me advirtieron que amamantar podía llegar a ser imposible para mí.

2 comentarios:

  1. Hola Arethusa, sé por lo que has pasado pues lo viví y el mayor y mejor consejo que puedo ofrecerte es que no desfallezcas, ya de por sí es difícil pasar por no lograr amamantar como una desea para luego encontrarse con el bombardeo sobre la lactancia y los prejuicios y miradas incómodas cuando te ven con un biberón en la mano. Lo mas importante es tu bebé y si el se encuentra sano y feliz, todo lo demás es relativo... Saludos !

    ResponderEliminar
  2. Gracias por pasarte :) y sì, en la clìnica pediátrica me sentí horrible viendo a todas las mamàs con sus senos fuera dàndoles de comer a sus hijo y al sacar yo el biberòn, respondì mil preguntas del por què Denzel on se pegaba a mi pecho.

    ResponderEliminar

Gracias por leer y si te animas a dejar un comentario, gracias de nuevo. Por favor, no dudes en dejarme tu link para devolverte la visita.