jueves, 22 de noviembre de 2012

Fundación YO PINTO UNA SONRISA, ya está en Chiriquí.

Entre el relajo y la cosa en el twitter, alguien retwitteó un mensaje que reclutaba a personas interesadas en hacer voluntariado. Me llamó la atención y me uní. No era lo planeado para ese día en particular, pero creo que desde que tenía 12 años soñaba con todo aquello de ser parte de los cuerpos de paz, cruz roja y todo ese montón de grupos que ofrecen ayuda a los más necesitados. Miren que tuve que cumplir 25 años, estar desempleada y estar fresquiando en una red social para por fin decidirme.  

La prioridades de uno cuando está más chico van cambiando con el pasar de los años. Rara vez tus metas permanecen intactas. Querías ser músico, ahora eres maestro. Querías ser bailarina, ahora eres secretaria. Eso tal vez porque al madurar nuestro mundo se vuelve más real y nos urge lograr una independencia que, producto de las muchas responsabilidades con las que tenemos que lidiar al llegar a la adultez, nos obligan a poner en segundo plano nuestros anhelos de niños. 

Pero lo importante en todo eso es que, lo consigamos o no, estemos donde estemos, llevamos con nosotros las memorias de una etapa linda de nuestra vida, que nos permitía soñar y creer que lo podíamos lograr: la infancia.

Muchos niños en Panamá y el resto del mundo están luchando por sobrevivir en un ambiente de violencia, de desastres naturales, de escasez de alimento, de enfermedades o de abuso; lo que les deja poco tiempo y ganas de pensar en lo que valen como seres humanos, o lo que pueden lograr ser en un futuro. Niños que viven en las calles, otros que trabajan en las calles. Niños que caminan por largas horas para poder estudiar, cuyos padres por analfabetismo no les pueden ayudar en sus tareas o porque no están en casa, sino partiéndose el lomo para llevar la comida a la casa y que sin querer ni darse cuenta, convierten a sus hijas o hijos en niñeras de sus hermanitos menores o en empleadas domésticas.

Son niños viviendo la adultez. Saltándose la etapa de soñar y de jugar. Si continúan viviendo así, la conclusión a la que llegarán será que a nadie le importan. 

La reunión que programó la Fundación YO PINTO UNA SONRISA tuvo lugar en Momentos, el día de ayer 21 de noviembre a las 4:30 de la tarde. En ella nos conocimos un grupo de jóvenes universitarios y de colegio (a estos últimos felicidades por no tardarse tanto como yo para participar), que teníamos un interés común: participar del voluntariado. 

Lo que hay que hacer es simple: donar nuestro tiempo y energías este 1 de diciembre en la recolecta que se realizará en las calles de David.

Yo pinto una sonrisa se propone llevar la alegría de la navidad a los niños de Bayano. Confieso que a mí no me hizo gracia la idea de celebrar navidad porque soy enemiga de esta festividad por razón de su origen y su contexto mercantilizado, pero lo cierto es que éste es mi pensamiento de adulta y estos niños merecen la emoción de abrir un regalo y sorprenderse con un juguete que difícilmente obtendrían en su cumpleaños, o en cualquier otra época del año. Ya crecerán y podrán cuestionar lo que deseen, formándose un criterio propio.

Lo que más me gustó de ser parte de esa reunión es que no se limita a la ayuda de los pequeñines a nivel nacional. Esta fundación también se ha propuesto una meta de envergadura internacional. Tras los acontecimientos en Haití, muchas familias recibieron amparo  internacional con alimentos secos, medicinas y ropa, pero ha pasado ya algún tiempo y sus problemas no han acabado. Siguen teniendo necesidades básicas que no están siendo satisfechas por sus gobernantes y que se siguen acumulando porque cada vez se disipa más el recuerdo de lo que allí sucedió por lo que las contribuciones van siendo menos frecuentes.

¿Por qué me parece tan correcta esta iniciativa? 

Más allá de que se ayuden a los niños, cultiva la mentalidad de que el socorro no es ni más ni menos importante en un país que en otro. No es menos relevante la salud y autoestima de un niño panameño, que la de un haitiano. El mostrar compasión por nuestros semejantes, sobre todo por criaturas inocentes sin culpa de nada, no debe tener una escala de importancia por motivo de fronteras o nacionalidad. Significan lo mismo para Dios y hemos de imitar el ejemplo de su hijo Jesucristo.

De hecho, por muchos días tuve el sinsabor de leer que durante los conflictos entre la comunidad palestina y el Estado de Israel, los constantes bombardeos impedían que la asistenciaa humanitaria llegara a Gaza. La población civil, entre ellos infantes, no sólo morían mutilados, sino también de desnutrición y enfermos. 

La revista española El mundo, publicó el 19 de noviembre que: 

"Las autoridades de Gaza estiman que 43 palestinos han muerto, casi la mitad civiles y entre ellos ocho niños, desde que Israel comenzara sus ataques aéreos. (...) Según el Ministerio de Sanidad del enclave palestino, 382 personas han resultado heridas durante los bombardeos (245 adultos y 147 niños)."

Ayer curiosamente, el periódico La Jornada informó:

"Más allá de los muertos o los heridos, centenares de niños de Gaza sufren traumatismos, recuerdan los sicólogos: miedo al abandono, problemas de sueño, hiperagresividad o problemas de comunicación. Como Mohamed Radwan, de 12 años, que corre a esconderse bajo los cojines del sofá donde se precipita en los brazos de su madre en cuanto oye una deflagración."

Así que, si existe la posibilidad de llegar a estos lugares o enviar auxilio, se debe hacer. Sobre todo porque lo que resaltaba en el grupo que se reunió ayer, eran los estudiantes de psicología de la UNACHI. No se trata sólo de aportar dinero, o trabajo. Nuestra propia preparación académica puede significar la diferencia.

Me siento muy contenta porque aprendí mucho, por ejemplo, la diferencia entre voluntaria y participante, que me recordó mi participación en el 2010 y 2011 en las famosas caminatas de RELEVO POR LA VIDA, sin que aquello me convirtiera en voluntaria de FANLYC. Ahora tengo la oportunidad de ser parte de algo grande y espero contribuir con este artículo a que más personas se unan. En estos casos, nunca se tiene demasiado apoyo.

Saludos.

P.D. Los periódicos tienen el enlace con más información.

1 comentario:

  1. Excelente articulo ilustrativo porque en lo personal desconozco esta organización en mi ciudad, saludos

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